jueves, 16 de julio de 2015

Casi nunca valoramos lo que tenemos, ni nos conformamos con lo que recibimos. Cuando nos damos cuenta de que teníamos algo muy valioso en nuestras manos, ya es demasiado tarde, y al final sólo nos lamentamos. Extraño cuando era un niño, y hasta lo más simple podía hacerme feliz, no importaba el tener mucho o poco, simplemente sonreía con lo que fuese.

Solemos ser egoístas la mayor parte del tiempo, y mientras somos felices, nuestro bienestar no nos deja ver que alguien podría necesitarnos, hasta que quedamos solos y vemos cómo se siente la otra cara de la moneda.

Muchas veces nos preocupamos por cosas que al final del camino no importarán en lo absoluto, y nos quejamos cuando algo no logramos, sin sospechar ni siquiera que la vida es sólo un segundo, y que hay que vivirlo antes de que se agote.
Nunca te sientas inconforme con lo que tienes porque lo que tú rechazas, para otra persona podría ser un gran tesoro.

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