domingo, 25 de septiembre de 2016

El amor como salvavidas.

 El amor, la vida, y la ironía siempre irán de la mano, siempre se relacionarán, siempre tendrán algo en común, siempre tendrán la picardía y el toque de malicia necesaria para emocionar nuestra alma de manera positiva o negativa, o en su defecto, solo hacernos sentir algo...como para no dejarnos muertos. 
 La vida es una constante ironía, eso no se puede negar y no es secreto para nadie. El amor se encuentra dentro de la vida; el amor, en teoría, nos debería de hacer sentir bien, pero a veces es todo lo contrario, y comienza lo paradójico, porque las personas comienzan a experimentar algo que, aunque ya lo habían vivido por seres queridos, no lo habían palpado con personas ajenas a su familia y nunca habían probado algún otro derivado de ese sentimiento que tanto nos droga y tanto nos destruye... las personas se empiezan a enamorar de cada detalle de otro ser, de cada misterio que esconde, de cada espacio de incertidumbre, inquietud e inseguridad que esta persona deja vislumbrar, sencillamente sus cerebros no funcionan igual que antes, ahora solo funcionan a la mitad de su capacidad, porque la otra mitad, está perdida en un mundo imaginario que se planteó pensando en alguien... pensando en abrazos, besos y en un amor que no muere al terminar cada beso o al acabar cada orgasmo, sino que al ocurrir eso se vuelve más grade, mas fuerte, y más vivo que nunca, sin pensar que cada segundo mueren poco a poco sin tener conocimiento alguno de ello, así que, al darse cuenta de que quizá nunca puedan estar al lado de esa persona, comienzan a querer simplemente morir, desean incluso no haber nacido nunca, su organismo empieza a dejar de liberar la oxitocina  que antes los hacía sentir tan bien , para sustituirlas por la serotonina y, si de usar las anteriores se trata, solo las usan para provocar el estado de ansiedad y empeorar la depresión que tanto hacen que odien al amor…
 La verdad, las leyes deberían de tomar más en cuenta al amor en sus artículos, y ser algo de considerados con estas personas que, de manera irresponsable, quieren enamorarse, pero no asumir las consecuencias del desamor. La solución para estos suicidas que se aventuran a aventarse por abismos tan grandes como el amor es la legalización del coma inducido por cuadros críticos de amores enfermizos. La medicina ya debería de tomar en cuenta esos puntos, si ellos saben lo mucho que sufren las personas por amor, al igual que con cualquier otra enfermedad, entonces por qué si dicen estar aquí para ayudarlos a curar, no usan su ciencia para, por lo menos, hacer a las personas olvidar a alguien aunque sea por unos días.

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